A la primera persona que me ayude a comprender, pienso entregarle mi tiempo.
Pienso entregarle mi fé. Yo no pido que las cosas me salgan siempre bien,
pero es que ya estoy arta de perder sin querer.
A la primera persona que me ayude a salir de este infierno que yo misma decidí vivir,
le regalo cualquier tarde para los dos.
A la primera persona que me haga sentir otra vez,
pienso entregarle mi vida; pienso entregarle mi fé.